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viernes, 16 de septiembre de 2011

Capitulo 10 - Mi sueño hecho realidad

Estábamos a mediado de julio lo que significaba un calor que casi mareaba. Era asfisiante. Ni siquiera podía abrir la ventana porque si no el calor entraba. Estaba en mi cuarto leyendo . Tenia las persianas bajadas todo el día, solo las abría por la noche. Cualquiera pensaría que era un vampiro. Me pasaba todo el día a oscuras para intentar mantener el calor a raya.
Leía una novela que me había dejado uno de los amigos de mi madre. Acababa de empezarlo por lo que todavía no sabia muy bien en lo que consistía, pero de momento no estaba mal. Como no me gustaba leer en silencio había encendido mi MP3, me parecía que con música la historia parecía mas real. La música pasaba aleatoriamente, pero había veces que la canción que sonaba en ese momento era perfecta para la situación que describía el libro.
Dani y yo habíamos empezado a salir hace un mes. El tiempo parecía volar a su lado y en cámara lenta cuando estaba sin él, se me hacia interminable el día, y mas en día como estos. No me apetecía quedarme encerrada en casa, pero solo la idea de salir a la calle me agobiaba, podía notar el bochorno que hacia en la calle y como ese mismo transpasaba por las rendijas de mis persianas.
Para que os hagáis una idea lo voy a explicar de un modo que supongo que todo el mundo entenderá. Hacia tanto calor que ya sabia lo que sentía un huevo cuando era frito. Así me sentía yo cuando salia yo a la calle. Nada mas salir del portal de casa una ola de calor venia hacia mi y me ahogaba.
Aunque la idea de dejar el frescor de mi casa no me agradaba nada lo iba a hacer. Había quedado con Dani y esa era razón suficiente para aguantar el peor calor posible. Iría al mismo desierto del Sahara si así pudiera verle.
Íbamos a ir a la piscina. ¿Donde si no? Bueno podríamos haber ido a la playa, pero aparte de que estaría completamente llena, no me apetecía sentir como se me quemaban los pies al tocar la arena ardiendo. La piscina tenia sombra, césped y además no te llevabas media playa como recuerdo de la tarde que habías pasado.
Después de terminar mi lectura me fui a preparar antes de que viniese Dani. Me puse mi bikinni, unos shorts blancos y mi camiseta de rayas multicolores. No tardé mucho en prepararme ya que no me iba a maquillar. Lo que menos quería es que se me corriese el maquillaje y parecer un payaso, o algo peor. Me hice un moño ya que me era la única forma de que no me agobiase tanto. Todos esos días que había hecho tanto calor me había terminado recogiendo el pelo. Ahora que habia conseguido tener el pelo largo por primera vez en toda mi vida, tenia que recogerlo porque si no me agobiaba. Toda la semana habían sido moños, coletas o trenzas.
En cuanto llegó Dani nos pusimos en camino. La piscina no estaba precisamente cerca. Había que andar unos veinte minutos y con este calor se podía alargar mas convirtiéndolo en un camino insoportable donde casi podías sentir las chanclas fundiéndose con el suelo. Parecía interminable, pero no lo era. Llegamos a la entrada de la piscina y había una cola enorme. Llegaba hasta las escaleras que daban al polideportivo (lo que seria unos cuantos metros). Cuando conseguimos entrar yo me fui al vestuario de las chicas y Dani al de lo chicos. Me quité la ropa de calle y saqué la toalla de mi mochila. No tardé en salir del vestuario para encontrarme con Dani. Esa era una de las razones por las que me ponía el bikinni en casa. Así ahorraba tiempo. Tiempo que pasaría con Dani.
Me estaba esperando a las puertas del la piscina. Entramos y fuimos hasta la parte del fondo , donde estaba el césped y una especie piedras donde te podías tumbar. Las zonas que solo eran césped y las que eran de césped artificial siempre estaban llenas de madres con sus hijos. El porque era bien sencillo, era porque esa era la zona que daba a las piscinas infantiles. Así las madres podían tener controlados a los hijos mientras ellas hablaban con otras madres. Seguramente de lo que hacían sus hijos. Primero los compararian y luego los criticarían. Como todas las madres de este mundo hacían, y cuando esos niños que tan inocentemente chapoteaban en el agua crecieran serian una diana para que las madres les compararian con lo que eran en ese momento y lo que un día fueron. Ley de vida se podría decir.
Fue dejar la toalla y practicamente me tiré al agua de cabeza. Notaba como mi piel ardía. El contacto con el agua fue refescante, pero a la vez me costó no gritar por el cambio de temperatura tan brusco, pero no me importaba, el calor se había ido. Ahora estaba cómoda.
Estar en el agua siempre me hacia sentir feliz, calma. Al parecer el agua solo me calmaba a mi, porque lo que era al resto de las personas que estaban en la piscina estaban revolucionadas. Unos nadando, otros mirando lo que hacían el resto de las personas... pero la mayoría estaba en grupos, unos que saltaban de distintas formas, otros que se hacían aguadillas o jugaban a la pelota. Mas o menos os podéis hacer una idea del panorama que había.
Dani no había corrido como yo para meterse a la piscina. Él se estaba tomando su tiempo y yo admiraba como lo hacia, no me perdía detalle de ninguno de sus movimientos mientras se iba acercando a donde yo me encontraba. Que decir. Se me estaba cayendo la baba, solo esperaba que no fuese literalmente. Incluso había apoyado mis brazos en el borde de la piscina para poder tener una mejor vista de él. ¿Por que hacer esto? Pues porque verlo sin camiseta hacia que mi corazón latiese mas deprisa, porque eso sumado a que él no me me dejaba de mirar con una sonrisa brillante en su rostro hacia que me desmayara y lo hubiese hecho si en ese momento no hubiese estado agarrada al borde de la piscina. Dani no sabia el efecto que causaba en mi. Demasiadas veces ya había hecho que el mundo que conocía desapareciese para que otro nuevo mundo surgiera en el que los únicos habitantes eramos él y yo.
Dani se zambullió de cabeza como si fuese la cosa mas fácil del mundo, y por experiencia propia sabia que no era así. Muchas veces había intentado aprender a hacerlo y lo único que había conseguido había sido un planchazo y al final una tripa roja y dolorida. Cuando salió del agua Dani parecía el ser mas perfecto que habitaba en este mundo. Ese mismo ser que me miraba de esa forma que hacia que mis piernas temblaran. Lo bueno es que al estar en el agua el no notaría la reacción que me causaba. Sentí ganas de besarlo al ver como de su pelo caían pequeñas gotas que recorrían su cara para morir en sus labios, sinceramente no me reprimí. Lo besé. Lo besé como si no lo hubiese visto en días.
Y aunque eso no era así, cualquier tiempo con el era insuficiente para mi gusto. Él me correspondió al beso. Rodeé su cuello con mis brazos, al igual que él rodeó mi cintura con sus brazos y me acercaba a él. Podría estar una vida entera así, pero sabia que ese beso tendría que acabar en algún momento, tendría que pararme a respirar.
- Te quiero - me dijo Dani, a lo que yo respondí con una enorme sonrisa.
- Y yo a ti. - dije abrazándolo y poniendo mi cabeza en su hombro.
Recordé el día que me lo dijo. Había sido casi dos semanas después de que empezáramos a salir. Habíamos pasado todo el día juntos y como no quería que el día acabara le invité a cenar en mi casa. Me daba igual que mi madre y mi hermano estuvieran en casa. De todas formas mi madre ya lo sabia. No es que hubiera pensado contárselo, pero como me preguntó. ¿Para que negarlo? Así que le conté lo que había pasado, desde el principio.
La verdad es que tenia buena relación con mi madre, no me importaba contarle lo que iba a hacer. Salvo cuando se ponía en plan madre sobreprotectora, pero quitando esos momentos, se podría decir que manteníamos una relación basada en la sinceridad y la confianza. Creo que por eso casi no discutíamos y me dejaba un margen para que hiciera lo que quisiera, siempre dentro de unos limites, claro esta.
- ¿Estas segura de que quieres que vaya a cenar? - me había preguntado Dani.
- Si, pero si no quieres no pasa nada. - la verdad es que me apetecía realmente que Dani se quedase a cenar en mi casa. Incluso me imaginé la situación. Mi madre y él hablando como si se conociesen desde hace tiempo. En cierta manera se conocían desde hace tiempo, pero hasta ahora Dani simplemente había sido un compañero de clase, y como mucho un amigo y ahora era mi novio.
- No. Si quiero, es solo que es algo raro.
- Prometo no separarme ni un segundo de ti - le dije mientras entrelazaba nuestros dedos a modo de promesa.
- Entonces vamos.
Llegamos a mi casa, miré a Dani antes de meter la llave en la cerradura.
- ¿Preparado? - él solo asintió. "Por favor que no sea muy raro. Que mi madre no empiece un interrogatorio" pensé antes de abrir la puerta.
Respire profundamente antes de entrar. Mi madre estaba en la cocina preparando la comida.
- ¿Mamá? Tenemos un invitado para la cena. - mi madre se giró y me miró, para luego posar su mirada en Dani.
- Hola Dani, que sorpresa tenerte aquí ¿qué tal estas?
- Muy bien. Gracias por invitarme - bueno técnicamente le había invitado yo, pero Dani era demasiado educado como para no darle las gracias a mi madre. Yo la había llamado para avisarla de que tenia que hacer mas comida por la visita de Dani. Sobre todo por que en mi casa casi no cenábamos.
- Oh, no te preocupes. Es un placer que estés aquí.
Mientras mi madre terminaba de hacer la cena Dani y yo pusimos la mesa. La cena no tardó mucho, llamamos a mi hermano para que viniera a la mesa y empezamos a comer.
Notaba a Dani un poco incomodo por el silencio que había en la mesa, pero yo sabia que eso no duraría mucho. Era la calma que precedía antes de la tempestad. No me equivoqué. Un torrente de preguntas empezaron a llover.
- ¿Dani que quieres estudiar? - preguntó mi madre.
- No se , todavía no lo tengo decidido. Igual hago alguna ingeniería pero todavía no lo tengo claro.
- ¿Y que tal las notas? - siguió mi madre.
- Bastante bien, tengo mas o menos un siete de media. - Si, Dani lo tenia todo, inteligencia, buen humor, belleza, el chico perfecto y estaba en mi casa, cenando con mi familia, saliendo conmigo. Antes esos pensamientos una sonrisa cruzó mi rostro.
- Que bien un chico estudioso, osea que has sacado mas o menos la misma nota que Verónica.
- Si, se podría decir que si. Mas o menos tenemos la misma media. Solo que a mi se me da mejor la parte de ciencia y sobre todo matemáticas. - Dani me guiñó un ojo. Sabia que ese comentario lo había hecho para molestarme.
Practicamente todo el mundo sabia que era una negada para las matemáticas, no me gustaban nada las mates, es mas, las odiaba. No entendía par que estudiábamos tantas cosas si en la vida cotidiana no íbamos a aplicarlas nunca. Sumar restar, multiplicar, dividir y aprender porcentajes tenia utilidad. Pero las ecuaciones, potencias y todas esas cosas ¿de que me servían? De nada, como mucho para ganarme un dolor de cabeza. Yo era mas de lengua, de escribir o historia, era buena para las fechas. Vale, igual historia tampoco tenia mucha utilidad en la vida cotidiana, incluso mi profesor de historia lo decía, pero me servía por lo menos para tener algo de cultura. Conocer mi pasado. Como vivían mis antepasados o algo por el estilo.
- ¿Sabes a que universidad vas a ir?
- ¡Mamá! - la paré - ¿Como quieres que sepa a que universidad va a ir si todavía no sabe que va a estudiar? Vamos a empezar 4º de la E.S.O, todavía ahí tiempo para pensar en esas cosas.
- Tranquila Vero, no importa - dijo Dani mientras apoyaba su mano sobre la mía. Inmediatamente me calmé. - No , no sé a que universidad voy a ir, pero supongo que dependerá de lo quiera estudiar.
- ¿Tu eres el novio de mi hermana? - se oyó una voz al lado de mi mamá. La voz que había sonado procedía de un chico bajito, mi hermano.
- Si, soy el novio de tu hermana. - mi hermano puso una cara de asco al oír la respuesta de Dani. - No se como te puede gustar, ¿estas seguro? Todavía tienes tiempo para huir, corre ahora que puedes, luego sera demasiado tardé. - Dani se rió ante el comentario de mi hermano y yo le golpeé en el brazo. Paró de reír y me abrazo.
 - No huiré, lo prometo. - me susurró.
- Por ser como eres no tendrás novia nunca - le dije a mi hermano - ¿quien va a ser capaz de soportarte?
- Para tu información yo tengo novia y es mucho mas guapa que tu. - noté como mi hermano se ponía rojo y yo me reí.
- Oh mira el enano se a puesto rojo.
- ¡Callate monstruo! - me gritó mi hermano.
- ¡Ya basta! - nos interrumpió mi madre. - Comportaros por una vez.
Terminamos de comer en silencio. Dani y yo ayudamos a recoger la mesa mientras mi hermano se iba a tumbar en el sofá. Me gustaría volver a ser pequeña te consentían mas. Una vez que limpiamos la mesa nos fuimos también al sofá mientras mi madre fregaba.
Me acurruqué en el regazo de Dani mientras el me envolvía con sus brazos. No preste mucha atención a la tele. Me concentré en los latidos del corazón de Dani. Podía notar como nuestras respiraciones y nuestros latidos se acompasaban, se ponían en sincronía. Me gustaba pensar que eramos uno. Un mismo ritmo, un mismo corazón.
No pudimos estar así durante mucho tiempo. Dani se tenia que marchar a su casa. Pensé en aferrarme a él lo mas fuerte que pudiera para que así no pudiera irse, pero sabia que seria inútil, al final mi madre me mandaría soltarle, así que, me resigné y lo acompañe hasta la puerta. Ya que mi madre no me dejaría acompañarle para luego volver sola, pero a mi eso me daba igual con tal de ganar mas tiempo con él, pero sabia que Dani tampoco me dejaría que volviese a esas horas sola casa. Seria capaz de dejarme acompañarle para luego él volverme a acompañar a mi.
Aunque era tarde, serian como las once, había bastante luz, eso era una de las cosas buenas que tenia el verano, mas horas de sol. Cerré la puerta detrás de mi.
- Ha sido una noche interesante. - dijo Dani sonriente.
- Si, bueno, siento lo de mi madre... y lo de mi hermano.
- Ei, que yo también tengo familia, sé como pueden llegar a ser, así que la próxima tocará en mi casa. - sentenció Dani - Esto me puso nerviosa. ¿que pensarían los padre de Dani sobre mi? ¿Les caería bien?
- Claro.
 Aunque la idea de cenar con los padres de Dani me aterraba también tenia su parte buena. Presentar a los padre era una forma de formalizar la relación. ¿no?. Cualquiera no presentaba así a sus padres como si nada.
Nos besamos durante bastante rato. Era como si nuestros labios fuesen imanes para los del otro. Era casi imposible mantenerlos separados cuando estábamos tan cerca el uno del otro. Casi podía oír las chispas saltar cuando estábamos cerca. Fue difícil separarnos, pero lo conseguimos. Por mucho que quisiéramos los dos sabíamos que teníamos que irnos a casa.
Dani apoyo su frente en la mía intentando recuperar el aliento. Los dos estábamos demasiado agitados para hablar en ese momento.
Aunque recuperamos el aliento seguimos así un rato mas. Dani fue el que puso distancia entre nosotros para mirarme a los ojos fijamente. Lo primero que sentí fue frió. El frió de la perdida de su cercanía. Aunque sabia que podía alzar la mano y le estaría tocando de nuevo hachaba de menos la cercanía que habíamos tenido anteriormente. Esos centímetros cuando se trataba de él parecían metros.
- Vero, te quiero. - me dijo tocandome una mejilla.
Parpadeé. Volví a parpadeé. ¿Recordais el frió del que os había hablado? Olvidadlo. Olvidadlo todo. No había frió, ni siquiera un poquito de frió. Nada. Cero.
Una sensacion de calidez recorrió todo mi cuerpo, de pies hasta la ultima raíz de mi cabello.
Si alguna vez había pensado que había sido feliz en algún instante de mi vida ese momento había pasado a la historia, eso no era felicidad. ¡Esto era felicidad! Mi sueño hecho realidad. No solía creer en los sueños o por lo menos pensaba que solo la gente afortunada, que era mas o menos una de cada puff o mas personas, podían lograr alcanzarlo. Bien, pues ahora era yo una de esas personas.
Me sentía la persona mas feliz y mas afortunada del planeta Tierra. Tanta fue la alegría que me recorrió que me lance en los brazos de Dani besándolo como nunca lo había hecho.
De no ser por Dani del impulso con el que me lancé hacia él nos habríamos caído, pero eso no paso. Lo besé, o bueno nos besamos, hasta que me dolieron los labios y tuve que pararme a respirar si es que no quería morir. Pensándolo bien, si iba a morir que mejor manera que en los labios de Dani, pero si no hubiese sido por eso no lo habría soltado. Jamas.
Nos abrazamos mientras nuestros latidos se relentizaban y se sincronizaban.
- Supongo que lo tengo que tomar como que soy correspondido ¿no? - dijo riéndose cerca de mi oído. Me separé de él para mirarle a los ojos.
- ¡Si! ¡Si! Y mil veces ¡si! - dije sonriendo - Claro que te quiero ¿acaso lo dudabas?
- Nunca se sabe, solo quería comprobarlo - dijo volviéndome a besar. Esta vez fue mas lento. Disfrutándolo sabiendo que seria el ultimo de esa noche.
- No quiero pero me tengo que ir - me dijo mientras se iba despegando de mi poco a poco.
- Entonces quedate, no te vayas - sabia que aunque le dijera cualquier cosa seria inútil.
- No puedo, pero recuerda que te quiero . - dijo dandome un pequeño beso en los labios. Fue tan rápido que no me hubiese enterado de que había sucedido de no ser por el hormigueo que me dejó en los labios.
- Yo también te quiero.- se había machado, lo volvería a ver de eso estaba segura - Tanto que no te puedes hacer una idea.
No me oyó pues ya estaba demasiado lejos. Me quede viendo como se marchaba hasta que lo perdí de vista y aun cuando sabia que no volvería atrás me quedé ahí, volviendo a revivir lo que había pasado hacia unos minutos. Tan poco tiempo. Siempre era insignificante el tiempo vivido a su lado. Nunca me parecería demasiado. Nunca seria suficiente. NO con él. NO con Dani. No con el amor de mi vida.
Entré en casa cuando note como el bello de todo mi cuerpo se erizaba cuando el viento soplaba contra mi. Por las mañanas hacia tal calor que por la noche si no llevabas un chaqueta te congelabas.
Abrí la puerta y subí directamente a mi habitación. Me tiré en la cama y no deje de sonreír y reírme por un rato. Estaba tan feliz que sabia que al día siguiente me iba a doler la cara .
Cerré los ojos intentando volver a la escena de la puerta. Me quedé dormida viendo pasar cada segundo de ese momento. Me quedé dormida con una sonrisa en la cara.
Volví al presente. A la piscina. Desde ese dia cualquier rastro de duda sobre nuestra relación se había evaporado. Dani se encargaba todos los días de que no se me olvidara que me quería. A otros igual les podía parecer un poco empalagoso o pesado que todos los días le recordaran que le querian, pero a mi no. Que me dijera que me quería  para mi sonaba a música celestial.